
Mi Cala, La Cala del Moral, es un dormitorio. Mientras dormía en una de sus moradas tuve un sueño: el viento del norte, terral se llama, trajo en suspensión una bandada de imaginaria que filtrándose por las ranuras de sus edificaciones incitaron a que un grupo de jóvenes soñara con inventar. Se les despertó el ansia de cultura, de hacer, de estar. Me desperté y los identifiqué. Eran reales, tenían nombres y apellidos, carne y huesos, deseos e imaginación, ganas de vivir y de participar, intención de iniciar una andadura que les condujera a repartir ocio, arte y cultura. Porque no tenían medios ocuparon una vieja escuela a pie de playa que iban a derrumbarla. Durante el poco tiempo que les duró su estancia organizaron conciertos, talleres, conferencias, recitales... Mucho hicieron sin disponer de los “posibles” codiciados. Caído el edificio, ellos sienten que perecen. Luchan por su supervivencia. Caído el edificio vagarán por las calles. Caído el edificio construirán aparcamientos y un museo, pero ¿ellos allí caben?
Me pregunto tras afirmar que las vanguardias creativas surgen por oleadas. No en todos los tiempos se dan. Los aires ante el mar nos han traído esta buena fortuna. ¿Por qué no buscamos un lugar en LA CALA DEL MORAL donde se pueda por fin consolidar las inquietudes de estos jóvenes?
Con imaginación y ganitas de invertir por las iniciativas culturales ciudadanas y espontáneas quizá se logre. Animo a que se haga. Hay mucho arte en este grupo: excelentes voces, instrumentistas, artesanos, artistas. Cuidémoslos, por favor.
Silvia Lázaro
1 comentario:
cierto que es el pueblo que me vio nacer ,la cala del moral poco a poco va a perecer,si organismos solo piensan en dinero los jovenes se quedan con la esquina del merendero ,alli la cultura sobresale por como en la antiguedad en busca del fuego ,,,,
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