La silla Q de la RAE se nominó: la persona elegida es Don Pedro Álvarez de Miranda.
46 sillas académicas,
2 libres por el fallecimiento de dos grandes, muy grandes y buenas personas, don Francisco Ayala (Z) y don Miguel Delibes (E).
Difícil será buscar a aquel o aquella que combine la sensibilidad con el buen hacer, el ojo crítico y dadivoso con la honestidad como hicieron tanto Ayala como Delibes.
Expreso un deseo, Don Pedro: Hágase cargo de los renombres que proliferan para vender ideas políticas, productos... Cambian el nombre como estrategia de ventas, hacen creernos que es nuevo lo que se difunde y no, es más de lo mismo: refrescan el concepto para que el recuerdo de la mala experiencia vivida se olvide. ¿Cabe la posibilidad que desde su posición, los/as académicos/as estudien este apartado sobre el uso de la lengua que lleva implícito esconder? ¿Pueden iniciar el estudio de los renombres: palabras que camuflan intenciones dudosas? Los renombres nos confunden y pienso, quizás me muestre dramática, exagerada, que desde los cargos de responsabilidad deberían evitarse su uso. La claridad y la trasparencia pasa por un uso del lenguaje preciso, ¿o no? Será que no, estaré errada. Quizás la leche o los tomates que me dieron en mi casa cuando era pequeña para criarme no fueran naturales y así con todo.
